Desde luego nunca te hubieras imaginado que este lugar te iba a parecer tan siniestro, con sus lápidas de mármol y los inmóviles y sonrientes rostros de los santos de cerámica. Quizás deberías haberle pedido a alguien que te acompañara, pero ni siquiera has tenido el valor de explicar a nadie lo que te sucedió en San Valentín. Total, ¿quién iba a creerte?
Continúas observando las inscripciones de las lápidas con detenimiento. Sin duda la búsqueda se está prolongando más de lo que te imaginaste cuando decidiste venir aquí.
De pronto das un sobresalto, ya que por fin ´tu búsqueda toca a su fin.
Te acercas y observas la lápida y lees la inscripción grabada en ella:
“Marco Davassi. 20-02-1984 14-02-2007
Así que era verdad, había fallecido exactamente el 14 de febrero del año pasado. No sabes por qué pero tenías la vaga esperanza de que no fuera cierto.
sales del cementerio cabizbaja, todo se ha terminado. Yo es que la verdad no me explico para qué has venido ni qué esperabas conseguir acudiendo a un lugar tan siniestro. Creo que yo no lo hubiera hecho…. Pero en fin, se trata de tu historia y no de la mía :).
Caminas tranquilamente y no puedes evitar sentirte observada. Sin saber muy bien por qué el pánico se apodera de ti, por lo cual echas a correr para salir cuanto antes de aquel lugar.
De pronto oyes una voz que reconoces al instante:
“Eh, alice, ¿se puede saber por qué corres ahora? ¡Espera”!
Te das la vuelta con el alivio pintado en tu rostro. Menos mal que sólo se trata de tu prima, hermana y confidente: Adriana.
“uf, menudo susto. ¿Cómo es que estabas aquí? ¿Y por qué me has seguido y no me has saludado en cuanto me has visto? ¡Por poco no me matas de un infarto y me encuentras dentro de una de estas lápidas en lugar de caminando por mi propio pie!”
“Bueno, no seas tan susceptible, primita. Sçolo quería saber qué se te ha perdido en el cementerio con este calor”.
De pronto no sabes qué hacer. Desde luego nunca has tenido secretos para ella pero sin saber por qué esta vez sientes que es diferente…. Primero porque se trata de algo demasiado personal y segundo porque sin duda ni tu prima te creería si le contaras algo así.
“sólo vine a echar un vistazo a la tumba de los abuelos, pensaba ponerles unas flores pero ya he visto que tiene un ramo fresco” –respondes evasivamente.
“sí, mi madre estuvo aquí el otro día. ¿Cómo es que estabas mirando esa tumba?”
“Es impresionante, un muchacho de más o menos nuestra edad murió el año pasado aquí en el pueblo y no nos enteramos. Es increíble, ¿no te parece?”
“Sçi porque no era de nuestra facultad y no se trataba mucho con nuestro grupo, pero la hermana de una compañera que está conmigo en una optativa estudia periodismo y lo conocía”.
“No sabía que estudiaba periodismo”.
“Sí y además sacaba unas notas excelentes…. Además es guapísimo…. Realmente una lástima”.
“Desde luego que sí” –dices sin poder evitar bajar los ojos.
“¿He dicho algo que no deba?” –pregunta Adriana extrañada.
“No, no te preocupes, el cementerio me deprime más de lo acostumbrado”.
“sí, a mí también. ¿Nos vamos? Tengo el coche aparcado ahí fuera, puedo acercarte a casa si tú quieres.
“Vale, si quieres podemos pasar primero por la heladería y nos tomamos algo, estoy muerta de calor”.
“Bien, vamos entonces”
Ambas salís del cementerio. Aunque ahora que me fijo, ¡cómo te pareces a Adriana! Nunca me imaginé que dos primas podrían ser tan similares. Ambas tenéis los mismos cabellos rizados y abundantes, aunque el de Adriana es ligeramente más oscuro que el tuyo. También poseéis la mismma figura y los mismos ojos azules, aunque su tez es ligeramente más morena, en esta época del año tostada por el sol.
Unos minutos más tarde os sentáis en la terraza de la heladería.
“¿Sabes que he puesto fotos nuevas en mi perfil de Internet?” –comentas para intentar quitarte de la cabeza la imagen de la lápida.
“Ah, no lo sabía”.
“Sí, son las del cumpleaños de Laura, hice un montón”
“¡Qué bien! ¿Tienes ahí el portátil? ¿Puedo verlas ahora?”
“Bueno, tranquila, si tenemos conexión aquí te las enseño”.
En menos de un minuto sacas el ordenador de tu bolso colocándolo sobre la mesa. El icono de Internet finalmente se conecta.
“¡Bien, ahí tenemos una conexión de algún incauto! Jajaja” –exclama Adriana con el entusiasmo de una niña.
Poco a poco vas pasando las fotos.
“Un momento, ¿puedo entrar en el perfil de una amiga para mirar una cosa”?
“Claro, Adriana, mira lo que quieras” –le respondes pasándole el portátil.
Sabes que no está bien, pero mientras ella manipula la máquina no puedes evitar observar la pantalla. De pronto ves algo que llama poderosamente tu atención.
“Adriana, ¿me das el ordenador un segundo? Quiero mirar una cosa”.
“¿El qué? Toma”.
Enseguida haces clic en un perfil y no puedes evitar que tu boca quede abierta de par en par por el asombro.
“¡Paulo Davassi! ¿Pero cómo?”
“Alice, ¿quieres decirme qué está pasando?”
La miras sorprendida.
“¿Es que no te das cuenta? Esta persona se llama Davassi, como el chico de la tumba que vimos antes y además estudia periodismo también”.
“Ah, pues sí que es verdad, qué raro. Vamos a echar un vistazo a su perfil”.
Sin quitar ojo a la pantalla vais viendo muchas fotos suyas y de un nutrido grupo de amigos. Tiene que ser una casualidad, dos personas con el mismo apellido, aunque éste no sea de los más comunes en la zona en la que vives. Es posible, ¿no? Lo piensas porque sin duda esta persona no se parece en absoluto a marco. En la estatura quizás, pero nada más. Su piel no es tan morena, sus cabellos son casi tan rubios como los tuyos y sus grandes ojos son claros.
“¡Mira, los de periodismo hacen una fiesta el sábado que viene en la discoteca del centro!” –exclama Adriana ilusionada.
“¡Es verdad, han colgado en el perfil hasta una foto del cartel! Bueno…. Ya sabes que tenemos que ir a esa fiesta como sea, ¿no?”
“No sabía que te hubiera impresionado tanto” –responde Adriana con una carcajada.
“Seguro que está muy bien, anímate”
“Desde luego el nene no tiene desperdicio” –comenta tu prima como para sí observando detenidamente su fotografía.
“Entonces, ¿iremos? Al resto del grupo les encantará, ya sabes que no les gusta perderse una”
“Claro, lo pasaremos bien”.
Ten por seguro que seguiré relatando con la misma exactitud todo lo que te vaya
sucediendo.
Continuará…
viernes, 17 de septiembre de 2010
viernes, 27 de agosto de 2010
capítulo 1
Alice Delli, te sientes diferente. No porque te fascine todo aquello relacionado con el ocultismo y otros temas por el estilo, ni tampoco porque te preocupes tanto por los grandes misterios de la naturaleza; no porque te aburran los cotilleos con los que se nutren muchas de tus amigas ni porque te parezcan tonterías no merecedoras de la más mínima atención. Tampoco por tu hermosa y brillante masa de rizos rubios y tu pequeña cara de muñeca, ni tampoco por tu figura delgada, delicada y lozana.
Te sientes diferente porque has vivido una situación por la que muy pocos han atravesado en toda su existencia.
No sé por qué hoy me he sentido motivada a contar tu historia. Probablemente será por el amor que he experimentado a lo largo de mi vida y cuyo significado no he logrado aún descifrar, el caso es que me he sentido inspirada a contar esto que a continuación relataré con la mayor exactitud posible.
En un hermoso pueblecito de la costa siciliana, siendo un día 13 de febrero de un año cualquiera te encontrabas sentada delante de tus apuntes de Medicina, al igual que yo delante de los míos de derecho. Sin embargo te sentías agotada, llevabas muchas horas estudiando y los párpados te pesaban como si fueran de plomo. Tanto era así que el bolígrafo con el que escribías te resbaló de la mano sin querer, tus ojos se cerraron y te encontraste en un lugar diferente.
Era una hermosa playa, la conoces como a la palma de tu mano puesto que vas a ella todos los veranos desde que eras poco más que un bebé, aunque en los últimos años en invierno la frecuentas también para dar largos paseos y relajarte de tus múltiples cargas y tensiones. Te encontrabas caminando hacia la orilla, sin embargo algo te hizo detenerte en seco: a unos metros de ti se encontraba un joven que te llevaría un par de años a lo sumo. No era un muchacho excepcionalmente guapo: 1,80m de estatura, cabello moreno, de cuerpo atlético y de verdes y vivaces ojos. Sin embargo, aquel chico te observaba con una sonrisa que transmitía una alegría y una paz indescriptibles; se veía tan brillante y tan feliz, emanaba una energía positiva altamente contagiosa mientras te sonreía en la distancia.
Justo cuando ibas a acercarte una puerta que se cerraba en alguna parte de la casa te despertó, volviendo así a tu habitación y desvaneciéndose la imagen del muchacho que tanto te había impresionado. Tu corazón latía alocadamente mientras te incorporabas y enseguida caíste en la cuenta de que estabas demasiado cansada para seguir estudiando, de manera que decidiste dejarlo por el momento.
Hoy, al levantarte, has visto en la mesa del desayuno a tus padres entregándose los regalos de San Valentín y celebrando sus muchos años de matrimonio. Ni te acordabas que hoy era día 14 de febrero, nunca le has dado importancia a esas cosas. Sin embargo sientes cierta nostalgia; desde luego no te importa el hecho de que no haya regalos para ti, no suele haberlos. Sin embargo sabes que tu mayor regalo de San Valentín sería ver al joven que apareció en tus sueños y de súbito se te pasa por la mente qué sentirías si te abrazara, si presionara sus manos contra tu espalda o te besaran esos labios que tan cálidamente te sonreían.
Al momento decides ir a la playa un rato para relajarte y dar uno de aquellos paseos que tanto bien te hacen.
La hermosa costa se encuentra desierta a esta hora de la mañana, lo cual contrasta con lo embravecido del mar que se extiende ampliamente frente a ti. De pronto tus ojos casi se salen de las órbitas, ya que ves la silueta de una persona aunque no puedes distinguir con claridad de quien se trata debido a la distancia que todavía os separa. Sin embargo observas que viene hacia ti y…. ¡no puedes creerlo! ¿Pero cómo….? ¿Qué está sucediendo? En un momento crees estar soñando, pero la realidad de la arena bajo tus pies, del rumor de las olas y sobre todo de aquellos ojos y la cautivadora sonrisa de quien te mira fijamente es demasiado real y evidente y, sobre todo, de aquellos pasos que se acercan a ti sin ninguna duda.
De pronto comprendes que esto no debe estar bien, sin duda lo mejor es irte cuánto antes. Te das la vuelta para huir de allí, sin embargo no miras bien por dónde vas, por lo cual no ves un gran pedrusco que se cruza en tu camino y que casi te hace caer sobre la arena; menos mal que una energía extraña y desconocida te sujeta por la cintura impidiendo la inminente caída. Al momento te sientes aliviada, aunque no puedes evitar que la sorpresa te impida disfrutar de este sentimiento, tanto por el origen desconocido de la fuerza que ha evitado tu caída como por una extraña e incorpórea calidez que envuelve todo tu ser.
--¿Te has hecho daño? –pregunta aquel desconocido con una voz que denota verdadera preocupación.
Sin saber muy bien por qué tienes la sensación de haber oído esa voz muchas más veces.
--Yo…. Yo….
Te sientes tan torpe e insegura que una frase coherente que tan bien te vendría tarda un poco en salir.
--Iba paseando y….
--Ya está, no ha pasado nada –te responde seguido de una risa cálida y cristalina.
Sin saber muy bien hacia dónde ir, ambos comenzáis a caminar por la orilla del mar que se muestra cada vez más salvaje
.--¿Cómo te llamas? –le preguntas tímidamente.
--Marco Dabassi, ¿y tú?
--Soy alice Delly.
Sin saber qué decir continuáis caminando por la hermosa playa.
--¿Vives aquí desde hace mucho? –preguntas para romper el incómodo silencio que ha caído entre vosotros.
--Sí, en una casita blanca en la esquina de la calle Estrella, a dos manzanas del centro –contesta con naturalidad como si todos los días se lo preguntara una chica que acabara de conocer.
--Me extraña bastante, ya que este pueblo no es muy grande y nunca te he visto por aquí.
--Sí, es verdad, pero ahora que nos hemos visto…. Considero un regalo haberte encontrado.
Habéis llegado a unas rocas que os cierran el paso, de manera que os paráis y ambos observáis el hermoso paisaje que os rodea.
Estás justamente frente a él y te parece todavía más impresionante que visto desde lejos: su franca sonrisa, los destellos de sus ojos verdes…. De pronto te das cuenta de lo que está sucediendo: te parece completamente natural cerrar los ojos y sentir aquella calidez cuyo origen no consigues comprender, pero que te transporta en tu mente a un lugar de magia dónde la tristeza y las preocupaciones de la vida son unas auténticas desconocidas.
Sin duda esto no debe estar bien puesto que noconsigues explicarte las sensaciones que se están adueñando de ti, por lo cual te alejas quizás con demasiada brusquedad.
Sin embargo, al abrir los ojos y echar un vistazo te das cuenta de que te encuentras sola en la inmensidad de la playa. ¿Cómo puede sucederte esto? Desde luego que el mundo a tu alrededor tiene que haberse vuelto loco…. ¡pero si hace tan sólo unos segundos estaba a tu lado! Pero por más que miras a todas partes no consigues hallarle.
En fin, de nada servirá afligirse ahora, será mejor que vuelvas a casa antes de que se te haga tarde.
El rojo atardecer está cayendo y el sol se oculta lentamente entre los edificios que hay frente a tu ventana. No puedes dejar de pensar en Marco, te das cuenta de que nunca antes te había sucedido algo así con ninguno de los chicos que habías conocido hasta ahora. No sabes cuándo ni cómo ha podido suceder, pero quizás te hayas enamorado de él sin querer. ¿Y qué hacer ahora? ¿Ir a su casa? No, eso es imposible, no es lo correcto. ¡Pero sientes tantos deseos de verle!
Tras pensarlo mucho decides acercarte. Total, no tienes nada que perder y al fin y al cabo no queda demasiado lejos.
Caminas a buen paso hasta la mansión y pulsas el timbre. Tras unos segundos que te parecen horas la puerta se abre dejando ver a un hombre mayor y bien parecido. Enseguida le reconoces, sin duda se trata del padre de Marco.
--Hola, buenas tardes –saludas cortésmente. ¿Se encuentra en casa Marco Davassi?
Los ojos del hombre parecen echar chispas al mirarte.
--¿cómo puedes ser tan cruel? ¿Cuándo van a parar las bromas pesadas de este tipo?
Te quedas tan sorprendida que no sabes qué decir ni qué hacer.
El hombre comienza a cerrar la puerta, pero un impulso te hace gritar:
--¡No, por favor, espere!
La puerta vuelve a abrirse completamente.
--¿Y ahora qué quieres? ¿No has tenido ya bastante?
--¿Por qué me dice esas cosas? No pensé que fuera tan grave venir a ver a su hijo….
--Cómo si no lo supieras –te contesta con desdén. Mi hijo murió hace exactamente un año.
--pero, ¿cómo es posible? –preguntas con la tristeza y la desilusión reflejadas en tu rostro.
No puedes evitar que unas lágrimas delatoras comiencen a bañar tus mejillas. Al observar tu reacción, el rostro del padre de marco se dulcifica paulatinamente.
--pasa…. Quizás te ayude un poco conocer los hechos –dice al fin en un tono mucho más amable. Te ruego que disculpes la actitud que he mostrado contigo, pero la muerte de Marco es aún reciente… Por tu actitud veo que ignorabas esta circunstancia.
Asientes sin saber qué decir, sólo consigues seguir a aquel hombre al interior de la casa.
--Toma asiento, por favor –te dice señalándote un sofá en la sala de estar en la que os encontráis. Mi esposa vendrá enseguida…. Ambos estaremos encantados de explicarte todo lo que quieras saber.
Sin poder parar de llorar te diriges hacia la playa, el único lugar en el que puedes hallar consuelo.
Los padres de marco fueron más que amables contigo al estar dispuestos a hablarte a ti, sin apenas conocerte, de un asunto tan doloroso para ellos. Según lo que te han explicado, Marco falleció en aquella misma playa. Iba corriendo por la arena y, por razones que nunca llegaron a saberse, cayó sobre la arena golpeándose la cabeza con una gran piedra, con tan mala fortuna de darse el golpe en el lugar menos idóneo, produciéndole una muerte casi instantánea. Aunque se trate de una tragedia, no dejas depercatarte de lo extraño de las circunstancias del fallecimiento de Marco. ¿Por qué esa carrera tan desenfrenada por la playa? ¿Estaría huyendo de algo, quizá? Sifuera ése el caso…. ¿de qué huiría exactamente?
No puedes evitar preguntarte qué habría sucedido si os hubiérais conocido mientras él vivía, si la muerte de marco era algo que habría podido evitarse Y sobre todo y lo más importante, cómo ibas a aceptar que nunca estaría a tu lado ni volverías a sentir de nuevo lo que sentiste mientras estuviste con él esta mañana en aquel mismo lugar.
Como respuesta a tu pregunta, una brisa fresca y tonificante sube desde el mar y acaricia tus mojadas mejillas. En aquel instante te das cuenta de que nunca estarás sola, de que él siempre estará a tu lado, habiéndote dado los recuerdos más hermosos de tu vida para prensar entre las páginas de tu memoria.
El día de San Valentín del año que viene piensas volver a la playa para dar uno de tus paseos. Quizás ese día no sólo te encuentres al amor de tus sueños.
Aunque este tema te tiene preocupada de veras y probablemente no puedas dejarlo tan tranquilamente y seguir tu vida como si nada hubiera sucedido.
Ten por seguro que seguiré relatando con la misma exactitud todo lo que te vaya
sucediendo.
Continuará…
Te sientes diferente porque has vivido una situación por la que muy pocos han atravesado en toda su existencia.
No sé por qué hoy me he sentido motivada a contar tu historia. Probablemente será por el amor que he experimentado a lo largo de mi vida y cuyo significado no he logrado aún descifrar, el caso es que me he sentido inspirada a contar esto que a continuación relataré con la mayor exactitud posible.
En un hermoso pueblecito de la costa siciliana, siendo un día 13 de febrero de un año cualquiera te encontrabas sentada delante de tus apuntes de Medicina, al igual que yo delante de los míos de derecho. Sin embargo te sentías agotada, llevabas muchas horas estudiando y los párpados te pesaban como si fueran de plomo. Tanto era así que el bolígrafo con el que escribías te resbaló de la mano sin querer, tus ojos se cerraron y te encontraste en un lugar diferente.
Era una hermosa playa, la conoces como a la palma de tu mano puesto que vas a ella todos los veranos desde que eras poco más que un bebé, aunque en los últimos años en invierno la frecuentas también para dar largos paseos y relajarte de tus múltiples cargas y tensiones. Te encontrabas caminando hacia la orilla, sin embargo algo te hizo detenerte en seco: a unos metros de ti se encontraba un joven que te llevaría un par de años a lo sumo. No era un muchacho excepcionalmente guapo: 1,80m de estatura, cabello moreno, de cuerpo atlético y de verdes y vivaces ojos. Sin embargo, aquel chico te observaba con una sonrisa que transmitía una alegría y una paz indescriptibles; se veía tan brillante y tan feliz, emanaba una energía positiva altamente contagiosa mientras te sonreía en la distancia.
Justo cuando ibas a acercarte una puerta que se cerraba en alguna parte de la casa te despertó, volviendo así a tu habitación y desvaneciéndose la imagen del muchacho que tanto te había impresionado. Tu corazón latía alocadamente mientras te incorporabas y enseguida caíste en la cuenta de que estabas demasiado cansada para seguir estudiando, de manera que decidiste dejarlo por el momento.
Hoy, al levantarte, has visto en la mesa del desayuno a tus padres entregándose los regalos de San Valentín y celebrando sus muchos años de matrimonio. Ni te acordabas que hoy era día 14 de febrero, nunca le has dado importancia a esas cosas. Sin embargo sientes cierta nostalgia; desde luego no te importa el hecho de que no haya regalos para ti, no suele haberlos. Sin embargo sabes que tu mayor regalo de San Valentín sería ver al joven que apareció en tus sueños y de súbito se te pasa por la mente qué sentirías si te abrazara, si presionara sus manos contra tu espalda o te besaran esos labios que tan cálidamente te sonreían.
Al momento decides ir a la playa un rato para relajarte y dar uno de aquellos paseos que tanto bien te hacen.
La hermosa costa se encuentra desierta a esta hora de la mañana, lo cual contrasta con lo embravecido del mar que se extiende ampliamente frente a ti. De pronto tus ojos casi se salen de las órbitas, ya que ves la silueta de una persona aunque no puedes distinguir con claridad de quien se trata debido a la distancia que todavía os separa. Sin embargo observas que viene hacia ti y…. ¡no puedes creerlo! ¿Pero cómo….? ¿Qué está sucediendo? En un momento crees estar soñando, pero la realidad de la arena bajo tus pies, del rumor de las olas y sobre todo de aquellos ojos y la cautivadora sonrisa de quien te mira fijamente es demasiado real y evidente y, sobre todo, de aquellos pasos que se acercan a ti sin ninguna duda.
De pronto comprendes que esto no debe estar bien, sin duda lo mejor es irte cuánto antes. Te das la vuelta para huir de allí, sin embargo no miras bien por dónde vas, por lo cual no ves un gran pedrusco que se cruza en tu camino y que casi te hace caer sobre la arena; menos mal que una energía extraña y desconocida te sujeta por la cintura impidiendo la inminente caída. Al momento te sientes aliviada, aunque no puedes evitar que la sorpresa te impida disfrutar de este sentimiento, tanto por el origen desconocido de la fuerza que ha evitado tu caída como por una extraña e incorpórea calidez que envuelve todo tu ser.
--¿Te has hecho daño? –pregunta aquel desconocido con una voz que denota verdadera preocupación.
Sin saber muy bien por qué tienes la sensación de haber oído esa voz muchas más veces.
--Yo…. Yo….
Te sientes tan torpe e insegura que una frase coherente que tan bien te vendría tarda un poco en salir.
--Iba paseando y….
--Ya está, no ha pasado nada –te responde seguido de una risa cálida y cristalina.
Sin saber muy bien hacia dónde ir, ambos comenzáis a caminar por la orilla del mar que se muestra cada vez más salvaje
.--¿Cómo te llamas? –le preguntas tímidamente.
--Marco Dabassi, ¿y tú?
--Soy alice Delly.
Sin saber qué decir continuáis caminando por la hermosa playa.
--¿Vives aquí desde hace mucho? –preguntas para romper el incómodo silencio que ha caído entre vosotros.
--Sí, en una casita blanca en la esquina de la calle Estrella, a dos manzanas del centro –contesta con naturalidad como si todos los días se lo preguntara una chica que acabara de conocer.
--Me extraña bastante, ya que este pueblo no es muy grande y nunca te he visto por aquí.
--Sí, es verdad, pero ahora que nos hemos visto…. Considero un regalo haberte encontrado.
Habéis llegado a unas rocas que os cierran el paso, de manera que os paráis y ambos observáis el hermoso paisaje que os rodea.
Estás justamente frente a él y te parece todavía más impresionante que visto desde lejos: su franca sonrisa, los destellos de sus ojos verdes…. De pronto te das cuenta de lo que está sucediendo: te parece completamente natural cerrar los ojos y sentir aquella calidez cuyo origen no consigues comprender, pero que te transporta en tu mente a un lugar de magia dónde la tristeza y las preocupaciones de la vida son unas auténticas desconocidas.
Sin duda esto no debe estar bien puesto que noconsigues explicarte las sensaciones que se están adueñando de ti, por lo cual te alejas quizás con demasiada brusquedad.
Sin embargo, al abrir los ojos y echar un vistazo te das cuenta de que te encuentras sola en la inmensidad de la playa. ¿Cómo puede sucederte esto? Desde luego que el mundo a tu alrededor tiene que haberse vuelto loco…. ¡pero si hace tan sólo unos segundos estaba a tu lado! Pero por más que miras a todas partes no consigues hallarle.
En fin, de nada servirá afligirse ahora, será mejor que vuelvas a casa antes de que se te haga tarde.
El rojo atardecer está cayendo y el sol se oculta lentamente entre los edificios que hay frente a tu ventana. No puedes dejar de pensar en Marco, te das cuenta de que nunca antes te había sucedido algo así con ninguno de los chicos que habías conocido hasta ahora. No sabes cuándo ni cómo ha podido suceder, pero quizás te hayas enamorado de él sin querer. ¿Y qué hacer ahora? ¿Ir a su casa? No, eso es imposible, no es lo correcto. ¡Pero sientes tantos deseos de verle!
Tras pensarlo mucho decides acercarte. Total, no tienes nada que perder y al fin y al cabo no queda demasiado lejos.
Caminas a buen paso hasta la mansión y pulsas el timbre. Tras unos segundos que te parecen horas la puerta se abre dejando ver a un hombre mayor y bien parecido. Enseguida le reconoces, sin duda se trata del padre de Marco.
--Hola, buenas tardes –saludas cortésmente. ¿Se encuentra en casa Marco Davassi?
Los ojos del hombre parecen echar chispas al mirarte.
--¿cómo puedes ser tan cruel? ¿Cuándo van a parar las bromas pesadas de este tipo?
Te quedas tan sorprendida que no sabes qué decir ni qué hacer.
El hombre comienza a cerrar la puerta, pero un impulso te hace gritar:
--¡No, por favor, espere!
La puerta vuelve a abrirse completamente.
--¿Y ahora qué quieres? ¿No has tenido ya bastante?
--¿Por qué me dice esas cosas? No pensé que fuera tan grave venir a ver a su hijo….
--Cómo si no lo supieras –te contesta con desdén. Mi hijo murió hace exactamente un año.
--pero, ¿cómo es posible? –preguntas con la tristeza y la desilusión reflejadas en tu rostro.
No puedes evitar que unas lágrimas delatoras comiencen a bañar tus mejillas. Al observar tu reacción, el rostro del padre de marco se dulcifica paulatinamente.
--pasa…. Quizás te ayude un poco conocer los hechos –dice al fin en un tono mucho más amable. Te ruego que disculpes la actitud que he mostrado contigo, pero la muerte de Marco es aún reciente… Por tu actitud veo que ignorabas esta circunstancia.
Asientes sin saber qué decir, sólo consigues seguir a aquel hombre al interior de la casa.
--Toma asiento, por favor –te dice señalándote un sofá en la sala de estar en la que os encontráis. Mi esposa vendrá enseguida…. Ambos estaremos encantados de explicarte todo lo que quieras saber.
Sin poder parar de llorar te diriges hacia la playa, el único lugar en el que puedes hallar consuelo.
Los padres de marco fueron más que amables contigo al estar dispuestos a hablarte a ti, sin apenas conocerte, de un asunto tan doloroso para ellos. Según lo que te han explicado, Marco falleció en aquella misma playa. Iba corriendo por la arena y, por razones que nunca llegaron a saberse, cayó sobre la arena golpeándose la cabeza con una gran piedra, con tan mala fortuna de darse el golpe en el lugar menos idóneo, produciéndole una muerte casi instantánea. Aunque se trate de una tragedia, no dejas depercatarte de lo extraño de las circunstancias del fallecimiento de Marco. ¿Por qué esa carrera tan desenfrenada por la playa? ¿Estaría huyendo de algo, quizá? Sifuera ése el caso…. ¿de qué huiría exactamente?
No puedes evitar preguntarte qué habría sucedido si os hubiérais conocido mientras él vivía, si la muerte de marco era algo que habría podido evitarse Y sobre todo y lo más importante, cómo ibas a aceptar que nunca estaría a tu lado ni volverías a sentir de nuevo lo que sentiste mientras estuviste con él esta mañana en aquel mismo lugar.
Como respuesta a tu pregunta, una brisa fresca y tonificante sube desde el mar y acaricia tus mojadas mejillas. En aquel instante te das cuenta de que nunca estarás sola, de que él siempre estará a tu lado, habiéndote dado los recuerdos más hermosos de tu vida para prensar entre las páginas de tu memoria.
El día de San Valentín del año que viene piensas volver a la playa para dar uno de tus paseos. Quizás ese día no sólo te encuentres al amor de tus sueños.
Aunque este tema te tiene preocupada de veras y probablemente no puedas dejarlo tan tranquilamente y seguir tu vida como si nada hubiera sucedido.
Ten por seguro que seguiré relatando con la misma exactitud todo lo que te vaya
sucediendo.
Continuará…
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