Desde luego nunca te hubieras imaginado que este lugar te iba a parecer tan siniestro, con sus lápidas de mármol y los inmóviles y sonrientes rostros de los santos de cerámica. Quizás deberías haberle pedido a alguien que te acompañara, pero ni siquiera has tenido el valor de explicar a nadie lo que te sucedió en San Valentín. Total, ¿quién iba a creerte?
Continúas observando las inscripciones de las lápidas con detenimiento. Sin duda la búsqueda se está prolongando más de lo que te imaginaste cuando decidiste venir aquí.
De pronto das un sobresalto, ya que por fin ´tu búsqueda toca a su fin.
Te acercas y observas la lápida y lees la inscripción grabada en ella:
“Marco Davassi. 20-02-1984 14-02-2007
Así que era verdad, había fallecido exactamente el 14 de febrero del año pasado. No sabes por qué pero tenías la vaga esperanza de que no fuera cierto.
sales del cementerio cabizbaja, todo se ha terminado. Yo es que la verdad no me explico para qué has venido ni qué esperabas conseguir acudiendo a un lugar tan siniestro. Creo que yo no lo hubiera hecho…. Pero en fin, se trata de tu historia y no de la mía :).
Caminas tranquilamente y no puedes evitar sentirte observada. Sin saber muy bien por qué el pánico se apodera de ti, por lo cual echas a correr para salir cuanto antes de aquel lugar.
De pronto oyes una voz que reconoces al instante:
“Eh, alice, ¿se puede saber por qué corres ahora? ¡Espera”!
Te das la vuelta con el alivio pintado en tu rostro. Menos mal que sólo se trata de tu prima, hermana y confidente: Adriana.
“uf, menudo susto. ¿Cómo es que estabas aquí? ¿Y por qué me has seguido y no me has saludado en cuanto me has visto? ¡Por poco no me matas de un infarto y me encuentras dentro de una de estas lápidas en lugar de caminando por mi propio pie!”
“Bueno, no seas tan susceptible, primita. Sçolo quería saber qué se te ha perdido en el cementerio con este calor”.
De pronto no sabes qué hacer. Desde luego nunca has tenido secretos para ella pero sin saber por qué esta vez sientes que es diferente…. Primero porque se trata de algo demasiado personal y segundo porque sin duda ni tu prima te creería si le contaras algo así.
“sólo vine a echar un vistazo a la tumba de los abuelos, pensaba ponerles unas flores pero ya he visto que tiene un ramo fresco” –respondes evasivamente.
“sí, mi madre estuvo aquí el otro día. ¿Cómo es que estabas mirando esa tumba?”
“Es impresionante, un muchacho de más o menos nuestra edad murió el año pasado aquí en el pueblo y no nos enteramos. Es increíble, ¿no te parece?”
“Sçi porque no era de nuestra facultad y no se trataba mucho con nuestro grupo, pero la hermana de una compañera que está conmigo en una optativa estudia periodismo y lo conocía”.
“No sabía que estudiaba periodismo”.
“Sí y además sacaba unas notas excelentes…. Además es guapísimo…. Realmente una lástima”.
“Desde luego que sí” –dices sin poder evitar bajar los ojos.
“¿He dicho algo que no deba?” –pregunta Adriana extrañada.
“No, no te preocupes, el cementerio me deprime más de lo acostumbrado”.
“sí, a mí también. ¿Nos vamos? Tengo el coche aparcado ahí fuera, puedo acercarte a casa si tú quieres.
“Vale, si quieres podemos pasar primero por la heladería y nos tomamos algo, estoy muerta de calor”.
“Bien, vamos entonces”
Ambas salís del cementerio. Aunque ahora que me fijo, ¡cómo te pareces a Adriana! Nunca me imaginé que dos primas podrían ser tan similares. Ambas tenéis los mismos cabellos rizados y abundantes, aunque el de Adriana es ligeramente más oscuro que el tuyo. También poseéis la mismma figura y los mismos ojos azules, aunque su tez es ligeramente más morena, en esta época del año tostada por el sol.
Unos minutos más tarde os sentáis en la terraza de la heladería.
“¿Sabes que he puesto fotos nuevas en mi perfil de Internet?” –comentas para intentar quitarte de la cabeza la imagen de la lápida.
“Ah, no lo sabía”.
“Sí, son las del cumpleaños de Laura, hice un montón”
“¡Qué bien! ¿Tienes ahí el portátil? ¿Puedo verlas ahora?”
“Bueno, tranquila, si tenemos conexión aquí te las enseño”.
En menos de un minuto sacas el ordenador de tu bolso colocándolo sobre la mesa. El icono de Internet finalmente se conecta.
“¡Bien, ahí tenemos una conexión de algún incauto! Jajaja” –exclama Adriana con el entusiasmo de una niña.
Poco a poco vas pasando las fotos.
“Un momento, ¿puedo entrar en el perfil de una amiga para mirar una cosa”?
“Claro, Adriana, mira lo que quieras” –le respondes pasándole el portátil.
Sabes que no está bien, pero mientras ella manipula la máquina no puedes evitar observar la pantalla. De pronto ves algo que llama poderosamente tu atención.
“Adriana, ¿me das el ordenador un segundo? Quiero mirar una cosa”.
“¿El qué? Toma”.
Enseguida haces clic en un perfil y no puedes evitar que tu boca quede abierta de par en par por el asombro.
“¡Paulo Davassi! ¿Pero cómo?”
“Alice, ¿quieres decirme qué está pasando?”
La miras sorprendida.
“¿Es que no te das cuenta? Esta persona se llama Davassi, como el chico de la tumba que vimos antes y además estudia periodismo también”.
“Ah, pues sí que es verdad, qué raro. Vamos a echar un vistazo a su perfil”.
Sin quitar ojo a la pantalla vais viendo muchas fotos suyas y de un nutrido grupo de amigos. Tiene que ser una casualidad, dos personas con el mismo apellido, aunque éste no sea de los más comunes en la zona en la que vives. Es posible, ¿no? Lo piensas porque sin duda esta persona no se parece en absoluto a marco. En la estatura quizás, pero nada más. Su piel no es tan morena, sus cabellos son casi tan rubios como los tuyos y sus grandes ojos son claros.
“¡Mira, los de periodismo hacen una fiesta el sábado que viene en la discoteca del centro!” –exclama Adriana ilusionada.
“¡Es verdad, han colgado en el perfil hasta una foto del cartel! Bueno…. Ya sabes que tenemos que ir a esa fiesta como sea, ¿no?”
“No sabía que te hubiera impresionado tanto” –responde Adriana con una carcajada.
“Seguro que está muy bien, anímate”
“Desde luego el nene no tiene desperdicio” –comenta tu prima como para sí observando detenidamente su fotografía.
“Entonces, ¿iremos? Al resto del grupo les encantará, ya sabes que no les gusta perderse una”
“Claro, lo pasaremos bien”.
Ten por seguro que seguiré relatando con la misma exactitud todo lo que te vaya
sucediendo.
Continuará…
viernes, 17 de septiembre de 2010
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